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"Ágora", observando el firmamento Martes 13 de octubre de 2009, 16:14
Alejandro Amenábar reflexiona acerca de los oscuros recovecos del fanatismo y la ignorancia, en su obra más adulta y arriesgada, llamada a convertirse en una prueba fehaciente de que el Cine patrio puede asumir riesgos con resultados notables, alejándose de la encorsetada temática a la que nos tiene acostumbrados.
Alejandro Amenábar siempre ha nadado fuera del agua. Desde sus comienzos en la inquietante “Tesis“, el director se ha movido contra corriente dentro de la Industria del cine español.
Nuestro cine, tan apegado al pasado, tan lastrado por las subvenciones y, en suma, tan carcomido por años y años de corta y pega, se ve en los últimos tiempos visitado por una nueva casta de artesanos del séptimo arte.
En estos tiempos donde todos estamos interconectados, donde cualquier
contenido puede ser difundido en Internet con calado a nivel Mundial, los cineastas patrios han trascendido nuestras fronteras, recabando con pasmosa velocidad en mercados allende los mares ( Juan Carlos Fresnadillo, Balagueró y Plaza,Antonio Bayona ,Nacho Vigalondo… ) y poniendo de manifiesto que en España hay sobrado talento bajo capas y capas de un establishment tan caótico como sesgado y partidista.
Entre estos directores, Alejandro Amenábar es, probablemente, el más influyente. Su cine amalgama sin complejos lo mejor de nuestra filmografía con la permanencia intemporal de las historias con mayúsculas, apoyándose en un estilo narrativo Universal, felizmente alejado de los guiños y clichés que toda película “made in Spain“por desgracia tiene.
En el polo opuesto al Cine ESPAÑOL del manchego Pedro Almodóvar, o las trilladas pajas mentales de Bigas Luna, Amenábar juega con códigos reconocibles para la audiencia, haciendo cine mayúsculo pero, a la vez, accesible a todo público que quiera implicarse en la historia.
“Ágora“viene para reventar la taquilla, al mas puro estilo del Blockbuster americano.
Apoyada en un área técnica notable, con mención especial al inteligente diseño de producción (comandado por el genial Guy Hendrix Dyas que, una vez mas, saca oro a un presupuesto ajustado) el film de Amenábar goza de una “majestuosa contención “que permite al espectador sumergirse en la historia desde el minuto uno, como ya ocurrió en anteriores trabajos.
“Ágora “ revive la decadencia de Alejandría, sacudida por la imparable ascensión del Cristianismo e inherente conflicto con el resto de movimientos religiosos. A través de las vivencias de la filósofa Hipatia (excelente interpretación de una – para la ocasión - desapasionada y andrógina Rachel Weisz ),dedicada en cuerpo y alma a desentrañar los secretos del Sistema Solar, racional y analítica, Amenábar reflexiona sobre los peligros de la ignorancia que, tristemente, se traducen en fanatismo.
Sin sesgos que valgan, el director carga contra el problema de fondo que encierra cualquier Religión mal entendida: su deriva hacia el sucio pragmatismo que otorga poder para obrar las vilezas más aberrantes, por la gracia de este o aquél Dios, enarbolando la Bandera del reinado dictatorial de una creencia sobre todas las demás.
De nuevo, el ser Humano depredador a la palestra. Capaz de pervertir mensajes de amor, esperanza, reconocimiento y paz, de tergiversar las palabras y jugar con los hechos, siempre para beneficio propio, de esas bajas pasiones que deidad alguna puede domeñar.
“Ágora“ no echa el freno porque vengan baches.
En la película de su vida, Amenábar carga contra la intolerancia y nosotros, espectadores, podemos disfrutar de ello.
Fuente: ebonafonte
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