|
"Total Recall", enmienda total Miercoles 26 de septiembre de 2012, 17:37
Tras una guerra química, solamente queda en pie la Unión Federal Británica y la Colonia (Australia), con intercambios casi constantes a través de una especie de ascensor llamada La Catarata. Uno de los trabajadores de La Colina decide recurrir a una empresa que alimenta de sueños la mente para convertirse en agente secreto. Las inesperadas consecuencias ponen en riesgo su vida y la de muchas otras personas.
No se me presentaban muchos alicientes para ir a ver esta película. En primer lugar, su protagonista, el monocorde Colin Farrell, que no es un actor que me motive en exceso. Tampoco el film en el que se basa esta producción. Con permiso del novelista Philip K. Dick, su relato corto dio lugar en su día a un buen guion pero también a una historia que no se ha fijado en mi recuerdo salvo por la incursión en Marte allá por el año 2084. Una vez vista la propuesta escrita por Kurt Wimmer llevada a la pantalla
por Len Wiseman, responsable de la saga Underworld y de la última entrega de La jungla de cristal, todos mis argumentos iniciales se confirmaron excepto uno, que este trabajo nos ofrece una de las malvadas más llamativas de la historia del cine. Kate Beckinsale es la única que se luce hasta el punto de que, durante la proyección, preferíamos que triunfaran los malos a que el personaje de Douglas Quaid se saliera con la suya.
La propuesta de esta nueva Total Recall es casi una enmienda a la totalidad. Poco queda de la primera propuesta y su guion es un encefalograma plano con respecto al primigenio. El Planeta Rojo se ha eliminado de un plumazo y la empresa que debe colaborar a que el protagonista recupere la memoria no ofrece vacaciones, solo el recuerdo de una vida imposible durante algún tiempo y, para colmo, su nombre es Rekall. Modificaciones exageradas que acompañan a otros excesos, principalmente visuales. La atmósfera en la que se desarrolla la acción parece arrancar del universo Blade Runner, tal vez en un forzado homenaje al creador de la historia, Philip K. Dick, quien colaboró en el desarrollo de la historia de la cinta de Ridley Scott.
En un mundo apocalíptico, surgido de una coctelera mágica en la que se hubieran mezclado la película protagonizada por Harrison Ford, Matrix, El quinto elemento y algunas otras, la lluvia no cesa pero tampoco los autos que se desplazan por magnetismo o a propulsión a chorro a unos cuantos centímetros del suelo. La persecución por calles y autopistas es ese universo abigarrado basado en una estructura cúbica es lo único que te saca del sopor junto a la supuesta esposa de Quaid, una agente secreta que tiene el deber de extraer a su pareja un código secreto que, en teoría, puede desactivar a los robots tipo La guerra de la galaxias que se fabrican en La Colonia.
Existe otra propuesta novedosa, atractiva pero a la que no se le saca buen partido. Nos referimos a La Catarata que une el hemisferio norte con el sur. Se trata de una especie de ascensor gigante que comunica las dos partes del planeta y que invierte el sentido de sus viajeros cuando pasa por el núcleo terrestre. Todo un atentado a la ciencia. O, al menos, un quebradero de cabeza para explicar ese desplazamiento. Ni se tiene en cuenta la alta temperatura que, según se apunta, hay por esos pagos, o la atracción gravitatoria, o… Si explicaran como se había conseguido perforar ese conducto es muy posible que sus creadores recibieran el Nobel de física. Otra motivación que se necesita pasa por conocer razones más lógicas de la supuesta invasión que el malvado de turno quiere llevar a cabo en La Colonia. ¿Si se llama así, por qué se necesita dominarla?
Fuente: Pedro De Frutos
|