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"Mátalos suavemente", ha llegado la hora Viernes 19 de octubre de 2012, 12:55
Cuando unos desconocidos roban a los asistentes de una partida de póker, la mafia se siente amenazada. Por esta razón decide ponerse en manos de Jackie Cogan, un investigador que debe desenmascarar a los culpables quienes, a su vez, son responsables de varios robos en casinos próximos. Un a tarea rutinaria la del recién llegado, que se complica más de la cuenta.
Basándose en una novela de George V. Higgins, el responsable de El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford ha encontrado el vehículo más apropiado para exhibir el cineasta que lleva dentro. Su propuesta es la de un moderno cine negro. Un intento de perdurar en el tiempo, de hacerse imprescindible, lo que incide en el resultado final ya que el film camina por dos senderos bien diferenciados, casi tanto como las dos historias paralelas que se narran y que confluyen de forma natural en el
devenir de la historia.
Bebiendo en las fuentes de autores como Quentin Tarantino, y especialmente en Pulp Fiction, Andrew Dominik busca impactar al espectador más exigente con unos diálogos potentes que, en ocasiones, se elevan hasta el infinito y que lucen todavía más gracias a la magnífica actuación de sus intérpretes. Brad Pitt vuelve a dar otra lección magistral, aunque su papel tampoco resulta extremadamente novedoso. Y a su altura se muestran Richard Jenkins, Ray Liotta y, sobre todo, un excelso James Gandolfini, que prácticamente se lleva a su favor todos los duelos interpretativos.
La línea menos atractiva del film tiene que ver con la puesta en escena. Dominik es brillante en los diálogos y también en el movimiento de sus actores, pero quiere serlo también en cada plano. Ese es un defecto inherente a todos aquellos directores que se miran al ombligo cuando se enfrentan a una película. Ansían la perfección, relatar prácticamente en cada uno de sus planos una cinta entera. En este caso, por cierto, pretende firmar un master de la sociedad actual. Toda la película, por cierto, aunque se trate de sus pasajes menos crípticos, propone una metáfora del mundo actual. Ese es un problema, ya que en una buena película la cámara no debe notarse y en esta se advierte en demasía la mano de su autor.
No obstante, Mátalos suavemente se eleva como una de las producciones más personales y sorprendentes en lo que llevamos de año, aunque no de las mejores. Se trata de una mezcolanza del cine de mafias actuales con el thriller más transgresor, cuyo resultado se nos antoja muy potente, aunque con lagunas fútiles que no llevan a ninguna parte. Sus altibajos son comparables a la verborrea generosa que se alterna con largos silencios descriptivos a los que el espectador debe darles mayor sentido. Todo ello desemboca en un gasto poco generoso y una magnífica superficialidad cuyo contenido potencial se disgrega y termina por disolverse para lastrar considerablemente las posibilidades de un film muy poco complaciente con el patio de butacas.
Fuente: Pedro De Frutos
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