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"Guerra de novias", si tú te casas, yo me caso Viernes 29 de mayo de 2009, 12:55
Dos mujeres están empeñadas en celebrar sus esponsales en el Hotel Plaza de Nueva York. Es la única obsesión que mantienen desde que eran niñas y uno de los aspectos en los que se basa su férrea amistad. Llegado el momento, ambas deben desposarse el mismo mes, pero surgen contrariedades que las enfrentan por vez primera.
Guerra de novias es una comedia romántica de y para mujeres aunque sólo para dos y media: Kate Hudson, Anne Hathaway y Candice Bergen. Solamente a ellas, porque parece imposible que pueda convencer a alguna más, ni siquiera a sus amigas, a la que en un guión plano y formalmente correcto, se decide que no tomen partido cuando llega el momento. Cómo se entere Almodóvar, por ejemplo, no sé lo que sucedería. ¿Y los hombres? Pues ahí están, pasan y se van. Los personajes de la película no son relevantes;
los espectadores masculinos, preferirán una gran bolsa de palomitas; y el director, Gary Winick, pudo haber estado comiéndose un bocadillo de calamares cuando se rodaba la película.
Son dos amigas inseparables, Kate Hudson, que desde Casi famosos creo que no ha hecho nada sugerente ante las cámaras, y Anne Hathaway, que fue Princesa por sorpresa, pasó por Brokeback Montain y se enteró que El diablo viste de Prada, lo que de por sí significa la presencia de una buena actriz en el film, si bien no parece muy querida por sus responsables de vestuario. Crecen juntas y sueñan con un mismo destino desde niñas: casarse en el Plaza neoyorquino, aunque la vida les haya llevado por caminos bien distintos. Liv (Kate Hudson) es una excelente abogada, que trabaja en un acreditado bufete. Emma es maestra y sus ingresos resultan sensiblemente inferiores. Más apocada que su inseparable compañera, deja que ésta asuma muchas de sus decisiones y hasta que le compre su ropa.
Una amistad, en suma, difícilmente quebrantable que se va al traste cuando surgen las envidias: una que anuncia su enlace y la otra que fuerza a su novio a casarse; ambas desean casarse la primera e imponer su ceremonia. Cuando la mano derecha de la mejor especialista en bodas de la ciudad se equivoca y programa la boda de Liv y Emma para el mismo día, ninguna puede ser dama de honor de la otra, como tenían prevista desde la infancia. Ese detalle desencadena las envidias en cuanto al vestido, las flores y hasta la música, bastante floja por cierto en cuanto a la banda sonora se refiere.
En definitiva, una película para mujeres, pero no feminista, aspecto éste en el que los guionistas pasan de puntillas, como en muchos otros, lo que deriva en un film sin sobresaltos, sin apenas interés, y con situaciones demasiado obvias resueltas con poca imaginación y con la misma desidia con la que se contempla la presencia de los hombres en el film. Su participación no deja de ser testimonial y, cuando adquieren una mayor importancia, se demuestra la escasa importancia que se les ha concedido en este proyecto.
Fuente: consolero
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