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"Crepúsculo", vampiros de amor Viernes 23 de enero de 2009, 13:18
Historia de amor entre un vampiro y una chica humana, ambos en edad adolescente, ubicada en un a lluviosa localidad del estado de Washington. Adaptación cinematográfica de la novela de Stephenie Meyer, cuya saga se ha convertido en un auténtico fenómeno literario entre los jóvenes.
Lo siento, pero no soy público objetivo. Stephenie Meyers está a punto de rozar los 20 millones de copias vendidas en todo el mundo de sus cuatro historias de vampiros adolescentes, pero la primer de sus obras salió a la venta en 2005, y una ya tiene su edad, por lo que ni he leído ninguno de sus libros y, tras ver el resultado de esta película, creo que podré pasar el resto de mis días sin hacerlo. ¿Basta con que aparezcan en pantalla dos chicos monos y un amor imposible para que la película sea
un éxito? No pido que nuestros adolescentes debatan ponencias sobre el cambio climático o el agujero de ozono, pero que se rindan a un producto tan ñoño, tan barato en su puesta en escena y tan insustancial, me resulta bastante triste.
Una productora que ha respaldado títulos como Babel o El valle de Elah ha buscado, en esta ocasión, el dinero fácil. Apenas se ha gastado el dinero, tanto en la puesta en escena como en el reparto o en el quipo técnico, la promoción la tenían gratuitamente asegurada y el éxito parecía tan asequible como convertir a esta cinta en la primera de una saga. Esos, al menos, eran sus planes iniciales, pero la realidad los ha superado hasta el punto de convertir Crepúsculo en la película más taquillera de la historia dirigida por una mujer –pobre Barbra Streisand, o Penny Marshall, o tantas otras-. Honor que ha recaído en Catherine Hardwicke, quien hasta ahora sólo tenía como mérito otra cinta independiente, y muy del montón, titulada Thirteen.
Quienes somos de una escuela más clásica, echamos en falta sangre, peleas, chupones… El caso es que a Crepúsculo, le sobran miradas y tiene un acaramelado exceso de romanticismo, que incluso recrea aspectos de Tigre y dragón, fundidos con el paseo de Aladdin y Jasmine sobre la alfombra mágica, cuando el bello Edward exhibe su velocidad y lleva consigo a la hermosa Bella (Isabella). Para colmo, tras más de dos horas de miradas y amores imposibles, el final queda totalmente abierto.
Cuando era estudiante solía ir al cine con un amigo que cogía sospechosos rebotes cuando en las películas –de cualquier género- no había una batalla final que le justificase el pago de la entrada. Recuerdo, que una de las objeciones que se le puso a Piratas de Roman Polanski era que en ningún momento se veía la quilla del barco romper contra las olas. Pues bien, siguiendo esos ejemplos, en una película de vampiros tiene que haber mordiscos, asesinatos, erotismo y la victoria del bien sobre el mal. En este caso, no hay nada de eso.
Veamos. ¿Y si estuviera diametralmente confundido? ¿Y si Crepúsculo fue el Love Story de la primera década del siglo XXI? Tal vez. Eso podría explicar el amor imposible, cambiando la enfermedad incurable por el vampirismo. Podría ser que vuelva el romanticismo agudo y que no nos estemos dando cuenta, solo que la lluviosa Forks no es El lago azul y en esta vampírica o somnolienta historia no se justifica que amor significa no decir nunca lo siento. Claro que, en ¿Qué me pasa, doctor? Ya decían Barbra Streisand y Ryan O’Neill que esa frase era una chorrada.
Fuente: consolero
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