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"Cleaner", tú matas, yo lavo Viernes 23 de octubre de 2009, 22:05
Un ex policía se dedica a limpiar los restos que se almacenan en una casa después de un asesinato. Su vida se complica cuando interviene en un caso del que, al día siguiente, nadie parece saber nada acerca de lo ocurrido. De repente se ve inmerso en una historia salpicada por la corrupción policial y un conflicto de intereses que le amenaza a él y a su hija.
Desde que Renny Harlin se convirtió en ciudadano norteamericano, su filmografía ha estado salpicada de títulos de acción o terror. Ha estropeado buenos proyectos y ha intentado sacar adelante otros de dudosa rentabilidad. A la hora de enfrentarse con este film disponía de un material de mayor enjundia que en sus últimos trabajos, adornado con un reparto de lujo en el que destacan un contenido Samuel L. Jackson, un magnífico Ed Harris, que vuelve a enseñorearse de la pantalla y a demostrar que es
uno de los mejores secundarios de la historia del cine de Hollywood, y una casi desapercibida Eva Mendes.
La historia del metódico limpiador de restos tras un asesinato resulta de lo más intrigante. Pero, en cuanto lleva a cabo su trabajo más problemático, en el que se le deja la llave de una mansión debajo de una maceta, no hay vestigio alguno de la clásica cinta policial que impide el acceso a los extraños o curiosos, y nadie tiene ni idea al día siguiente de lo que ha sucedido, desemboca en una trama en la que todo es muy artificioso y de ello nos damos cuenta prácticamente enseguida. Y eso que hay elementos colaterales, como la corrupción policial y los conflictos pasionales y de intereses que obligan a mantener la atención del espectador quizás por encima de lo necesario.
De nuevo, Harlin sabe mantener el tono. Dirige con eficacia e, incluso hay planos muy meditados, pero en ningún momento dota a la historia del ambiente que se necesitaba para convertirla en una película de enjundia. Quizá le haya faltado ver Eyes wide shut más de una vez, o cualquier otra cinta del género para, desde ahí, construir el mundo que necesita un personaje que daba para muchas posibilidades. Tampoco puede salir bien parado el guionista, Matthew Aldrich, ya que salpica la historia de demasiadas obviedades. A partir de los diez primeros minutos, apenas nos sorprendemos de nada de lo que ocurre. Probablemente, con la excepción de las relaciones entre los personajes encarnados por Ed Harris y Eva Mendes. Tampoco sería imposible si no fuese por la escasa química que parece destilar entre ellos. Tampoco la presencia del ambiguo inspector de policía del que se encarga el siempre eficiente Luis Guzmán aporta un aire diferente a una historia sin demasiadas sorpresas para los seguidores del thriller pero algo enrevesada para quien sólo busca entretenimiento. Quizá, porque en el montaje se han sacrificado algunos datos en aras de un mayor ritmo que, por otra parte, no deja de ser demasiado cansino para lo que se pretende, y bastante rápido en ocasiones para lo que se necesita.
Desgraciadamente, Remy Harlin vuelve a salir derrotado en las comparaciones. Ni esta película puede equipararse a referentes del género ni su siguiente proyecto, 12 trampas sale airoso frente a El luchador, tan magistralmente incorporado hace meses por Mickey Rourke.
Fuente: consolero
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